Aprender jugando: cómo el juego ayuda al desarrollo emocional y cognitivo

11 de Mayo de 2026

En psicología infantojuvenil, el juego tiene un papel fundamental.


Los niños aprenden de una forma mucho más natural y motivadora cuando las actividades se presentan de una manera lúdica. Además de entretener, muchos juegos ayudan a desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales importantes para su día a día.


Desde el equipo de Focus os dejamos algunos ejemplos:


¿Quién es Quién? Este juego trata de adivinar qué personaje tiene el otro jugador realizando preguntas sobre sus características físicas. Para ello, se debe observar, comparar y formular preguntas cada vez más concretas, en las que solo se puede contestar si o no. Este juego ayuda a estimular el lenguaje oral, la formulación de preguntas, la atención, la observación y el razonamiento lógico.


Dobble: Consiste en encontrar lo más rápido posible el dibujo que coincide entre dos cartas. Aunque parece un juego sencillo, requiere de una gran rapidez visual y de atención constante. A través de este juego se trabaja especialmente la atención, la velocidad de procesamiento y la f lexibilidad cogntiva, es decir, la capacidad de adaptarse a cambios y pensar de diferentes maneras ante una misma situación. También ayuda a tolerar mejor la frustración cuando nos equivocamos o perdemos.


Simón Dice: En este juego los niños deben seguir instrucciones únicamente cuando la frase empieza por “Simón dice…” Si realizan la acción sin escuchar esta consigna, pierden la ronda. Esta actividad ayuda a trabajar la escucha activa, la atención, la comprensión verbal y el control de impulsos, es decir, la capacidad de parar y pensar antes de actuar.


Buscar diferencias En esta actividad los niños deben encontrar pequeñas diferencias entre dos imágenes aparentemente iguales. Aunque pueda parecer una tarea simple, ayuda a estimular la atención visual, la concentración y la tolerancia a la frustración, especialmente cuando la respuesta no aparece de forma inmediata.


Juego del conteo con normas: Consiste en contrar por turnos (1,2, 3…) hasta llegar a un número determinado. Cuando un jugador llega al número, puede añadir una nueva norma. Por ejemplo: “a partir de ahora, en vez de decir el número 3, damos una palmada”. Poco a poco se van añadiendo más consiganas, haciendo que el juego sea cada vez más complejo y divertido.


Este tipo de actividad ayuda a trabajar la memoria de trabajo (mantener información en la mente mientras realizamos una tarea), la atención, el control de impulsos y la capacidad de adaptarse a cambios inesperados.


En resumen, el juego no solo es una forma de diversión, sino también una herramienta muy valiosa para acompañar el desarrollo emocional, social y cognitivo de los niños. A través del juego pueden aprender habilidades importantes casi sin darse cuente y de una manera mucho más natural.

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